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WomenPower2030 en la CSW70: juventudes feministas latinoamericanas inciden desde los territorios

Tres jóvenes activistas de Argentina, Bolivia y Colombia participaron en la 70.ª sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer como parte de un proceso regional colectivo de 36 jóvenes de cinco países.

La participación de tres jóvenes feministas de Argentina, Bolivia y Colombia en la 70.ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70), realizada del 9 al 13 de marzo de 2026 en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, se inscribió en un proceso colectivo de incidencia impulsado por el proyecto WomenPower2030, coordinado regionalmente por FEIM. Esta participación fue el resultado de un trabajo previo que reunió a 36 jóvenes de cinco países de América Latina en el marco del proceso regional “Juntas, desde los territorios”, donde se construyeron diagnósticos, análisis y recomendaciones sobre el acceso a la justicia desde una perspectiva feminista, interseccional y territorial.

Las representantes —Florencia Gomes (Argentina), Adriana Salazar Larico (Bolivia) y Daniela Zambrano (Colombia)— llevaron a los espacios multilaterales una agenda construida colectivamente, que reflejó las realidades de mujeres jóvenes afrodescendientes, indígenas, migrantes y de diversidades sexuales de la región. Sus trayectorias diversas dieron cuenta del carácter interseccional de la participación, fortaleciendo una voz regional que articuló experiencias territoriales con incidencia política global.

Desde la perspectiva de las propias jóvenes, esta participación no fue solo representativa, sino también una forma de disputar agenda y lugar de enunciación en espacios históricamente excluyentes. Su presencia permitió visibilizar voces y experiencias que suelen quedar por fuera de los debates globales, incorporando lecturas interseccionales sobre las desigualdades en el acceso a la justicia vinculadas a la raza, la clase y el territorio.

La CSW70 tuvo como eje prioritario el acceso a la justicia para mujeres y niñas, abordado en relación con las violencias de género, la participación política, la interseccionalidad y la crisis de financiamiento. En este marco, se adoptaron conclusiones consensuadas para fortalecer el acceso a la justicia, en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas y disputas sobre los derechos de las mujeres. Un hecho destacado fue la presentación de una propuesta por parte de Estados Unidos que buscaba reinstalar una definición binaria del concepto de género, la cual no prosperó tras la aprobación de una moción de no acción impulsada por la Unión Europea, evidenciando la fragmentación del consenso internacional.

La incidencia de las jóvenes se desarrolló en múltiples espacios formales e informales —eventos paralelos, foros de sociedad civil, espacios de networking político y articulación regional— donde no solo participaron, sino que construyeron alianzas estratégicas y posicionaron sus agendas. Estos espacios fueron valorados como clave para incidir en agendas globales, abrir oportunidades de financiamiento y fortalecer redes de colaboración entre organizaciones y actores multilaterales.

Al mismo tiempo, destacaron la importancia del cambio narrativo como dimensión central de la incidencia: cuestionar discursos hegemónicos, construir contra-narrativas desde América Latina y disputar los sentidos sobre cómo se nombran los problemas y las soluciones. Desde su mirada, incidir en las narrativas es también incidir en los marcos culturales y políticos que orientan las respuestas institucionales.

En paralelo, se evidenció la profunda desigualdad en el acceso a recursos para organizaciones feministas, lo que limita su capacidad de incidencia y sostenibilidad. La crisis de financiamiento impacta directamente en el avance de políticas públicas y en la posibilidad de sostener mecanismos de rendición de cuentas, especialmente en contextos de retrocesos democráticos. En este escenario, las jóvenes subrayaron el rol central de la sociedad civil —y en particular de los feminismos del sur global— en sostener la agenda de derechos.

La experiencia de WomenPower2030 en la CSW70 demuestra que la incidencia feminista en espacios multilaterales se fortalece cuando se construye desde los territorios, de manera colectiva y con perspectiva interseccional. Para las jóvenes, los acuerdos alcanzados representan un punto de apoyo, pero no de llegada. En un escenario global en disputa, democratizar la participación implica no solo ampliar el acceso a estos espacios, sino también redistribuir recursos, fortalecer redes y garantizar la presencia activa de voces históricamente marginadas en la toma de decisiones.


Here is the full English translation, keeping an institutional and fluid tone:


Three young activists from Argentina, Bolivia, and Colombia participated in the 70th session of the Commission on the Status of Women as part of a regional collective process involving 36 young people from five countries.

The participation of three young feminists from Argentina, Bolivia, and Colombia in the 70th session of the Commission on the Status of Women (CSW70), held from March 9 to 13, 2026, at United Nations Headquarters in New York, was part of a collective advocacy process driven by the WomenPower2030 project, regionally coordinated by FEIM. This participation was the result of prior work that brought together 36 young people from five Latin American countries within the framework of the regional process “Together, from the Territories,” where diagnoses, analyses, and recommendations on access to justice were developed from a feminist, intersectional, and territorial perspective.

The representatives —Florencia Gomes (Argentina), Adriana Salazar Larico (Bolivia), and Daniela Zambrano (Colombia)— brought to multilateral spaces a collectively constructed agenda that reflected the realities of young Afro-descendant, Indigenous, migrant women, and people of diverse sexualities across the region. Their diverse trajectories highlighted the intersectional nature of this participation, strengthening a regional voice that connected territorial experiences with global political advocacy.

From the young women’s own perspective, this participation was not only representative but also a way to challenge agendas and claim spaces of enunciation within historically exclusionary settings. Their presence made it possible to bring visibility to voices and experiences often left out of global debates, incorporating intersectional analyses of inequalities in access to justice related to race, class, and territory.

CSW70 prioritized access to justice for women and girls, addressing it in connection with gender-based violence, political participation, intersectionality, and the funding crisis. In this context, agreed conclusions were adopted to strengthen access to justice, within an international landscape marked by geopolitical tensions and disputes over women’s rights. A notable development was the proposal presented by the United States seeking to reintroduce a binary definition of gender, which did not succeed following the adoption of a no-action motion promoted by the European Union, highlighting the fragmentation of international consensus.

The young women’s advocacy took place across multiple formal and informal spaces —side events, civil society forums, political networking spaces, and regional coordination settings— where they not only participated but also built strategic alliances and advanced their agendas. These spaces were seen as key for influencing global agendas, opening funding opportunities, and strengthening networks of collaboration among organizations and multilateral actors.

At the same time, they emphasized the importance of narrative change as a central dimension of advocacy: challenging hegemonic discourses, building counter-narratives from Latin America, and contesting the ways in which problems and solutions are framed. From their perspective, influencing narratives also means shaping the cultural and political frameworks that guide institutional responses.

In parallel, profound inequalities in access to resources for feminist organizations became evident, limiting their capacity for advocacy and sustainability. The funding crisis directly affects the advancement of public policies and the ability to sustain accountability mechanisms, particularly in contexts of democratic backsliding. In this scenario, the young women underscored the central role of civil society —and especially feminisms from the Global South— in sustaining the rights agenda.

The WomenPower2030 experience at CSW70 demonstrates that feminist advocacy in multilateral spaces is strengthened when it is built collectively, grounded in territorial realities, and informed by an intersectional perspective. For the young participants, the agreements reached represent a point of support, not an endpoint. In a contested global landscape, democratizing participation requires not only expanding access to these spaces, but also redistributing resources, strengthening networks, and ensuring the active presence of historically marginalized voices in decision-making processes.