Matrimonios infantiles: ¿cónyuges o víctimas?

Medio: Revista Veintitres
Fecha: 16.01.2017
Por Jorge Repiso

El matrimonio infantil es un capítulo poco estudiado en la Argentina, pero existe. Según el último censo nacional, hay 341.998 adolescentes de entre 14 y 19 años conviviendo en situación de pareja, ya sea unión consensual o legal. De ellos, 230.188 son jóvenes, es decir que el tercio restante corresponde a chicos y chicas de 15 años o menos.
Según la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), se considera matrimonio o convivencia infantil de niñas y niños cuando alguno de los integrantes de la pareja no alcanzó los 18 años. Y evalúan que las chicas menores de 15 años son la población a la que se debe prestar más atención y desarrollar políticas públicas. Y prestar atención a que no se violen “derechos fundamentales, como son: el derecho a la educación, a una vida libre de violencia, a expresar sus opiniones, a la salud, especialmente los derechos sexuales y reproductivos, el derecho a decidir sobre la maternidad, la convivencia elegida, el juego y el tiempo libre”.
Las leyes 26.449 y la 26.579, que modificaron la 23.515 por la que se reformó el Código Civil, establecen que es un impedimento para contraer matrimonio tener menos de 18 años. Sin embargo, si los contrayentes no llegaran a esa edad mínima exigida, será preciso obtener el asentimiento de sus padres o del juez, y lo mismo afirma un artículo del nuevo Código Civil y Comercial promulgado en 2014.

Las tres provincias donde se concentra mayor porcentaje de adolescentes de 14 a 19 años, tanto chicas como chicos que conviven son Buenos Aires, con un 38,5 %, Santa Fe con 8,7 % y Córdoba, con un 6,1 %, según el censo que tomo como base el FEIM para elaborar el análisis. “El informe tuvo el objetivo de mostrar que es una realidad en la Argentina y que debe ser un asunto de preocupación de los responsables del área de la niñez. Es necesario que el Ministerio de Educación intensifique e insista con los ministerios provinciales a que se dé educación sexual integral desde los primeros años, algo que no ocurre”, asegura la doctora Mabel Bianco, presidenta de FEIM. “Convivir a edades tempranas afecta y compromete la vida futura de las jóvenes y hasta las aparta de la escuela”, agrega.

– El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, afirmó que había muchos femicidios porque la gente no se casaba.
– El femicidio ocurre en parejas casadas o convivientes e incluso en noviazgos. No existe una relación causal, como dice Aguer. Sí existe como relación causal la persistencia de la menos valoración de la mujer en la sociedad, el reconocimiento del poder del esposo o compañero sobre la mujer y el concepto de que si ella no obedece a su pareja puede ser castigada, y ahí aparece la violencia consentida o permitida por la sociedad. Los ejemplos existen a diario.

–¿Cree que existe un riesgo de violencia en la convivencia entre mujeres jóvenes y hombres más grandes?
–Aclaremos que una niña de 15 años viviendo con un hombre 10 o 15 años mayor es de por sí una violencia, ya que ellas a esa edad no pueden elegir libremente. En general hay hechos que las hacen aceptar: la pobreza en sus casas, la búsqueda de alguien que las salve de una situación familiar compleja o porque sufren abuso sexual, y así no se está en condiciones de elegir, a lo que se agrega que deberá someterse a su compañero e incluso, a la familia de él. Por eso la violencia es una de las consecuencias, llegando a ser madres precoces, o padeciendo infecciones de transmisión sexual.

Bianco no hace más que mostrar una costumbre que muchos creían cosa del pasado: la unión de una quinceañera con un hombre mayor, como en épocas de las guerras de la independencia o de los casamientos arreglados entre familias.

Jóvenes madres
El FEIM cotejó datos recogidos en los últimos tiempos y el producto del trabajo llama la atención. En 2014, los recién nacidos de madres adolescentes superaban el 20 por ciento en 8 provincias del NEA y el NOA. Del total de bebés nacidos ese año, (777.012), 113.945 fueron de madres de entre 15 y 19 años, y eran menores de 15 años unas 3.000 mamás.

Durante ese mismo año en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y según datos de la Encuesta Joven, el 7,1% de la población de 15 a 19 años era padre o madre, al igual que el 19,1 por ciento de quienes tenían entre 15 y 29 años. Nueve de cada diez adolescentes de 14 a 20 años que tuvieron un parto mantenían una relación de pareja con el papá de sus bebés cuando quedaron embarazadas.

“Hay una consecuencia importante que es la indefensión aprendida y que ocurre cuando por una imposición externa, la pareja deja de intentar defenderse de lo que la daña. Esto quiere decir que, viéndose sobrepasada, la mujer abandona toda lucha en pos de mejorar su situación. La cosificación que sufren las niñas es clara, puesto que son prácticamente vendidas por sus familias como mercancías. Las niñas dejan de ser personas para transformarse en cosas y, como se sabe, las cosas no tienen derechos”, opinó Nanci Martin, psicóloga y especialista en vínculos de pareja.

“¿Se está eligiendo desde qué lugar? ¿Se puede elegir libremente cuando se actúan necesidades inconscientes? El problema es que al pasar a ser la pareja la principal figura de apego a edades tan tempranas se puede caer en una dependencia emocional mutua, en una eventual repetición de modelos familiares violentos, en malos tratos por no disponer de recursos para manejar los conflictos en forma adulta o en abusos. Pensemos que muchas abandonan la escuela”, añadió la especialista.

Datos oficiales recopilados por FEIM indican que en el año 2012 se registraron cerca de 8.260 egresos hospitalarios por abortos en adolescentes en instituciones públicas en todo el país. El principal motivo para realizar dicha práctica es más un temor a la reacción de los padres que un rechazo a la maternidad. Se calcula que en Argentina se practican hasta 600.000 abortos clandestinos cada año.

El tópico sobre la violencia vuelve una y otra vez al informe, que asegura que las niñas y adolescentes que se casan o viven en pareja en edades más tempranas tienen más probabilidades de experimentar distintas formas de violencia. Por lo general, porque poseen una baja autoestima y carecen de los recursos necesarios para oponerse y buscar ayuda.

Muchas veces, quienes se casan tempranamente son más vulnerables a sufrir abusos y relaciones sexuales forzadas quedando expuestas a riesgos importantes para su salud. Para la Oficina de Violencia Domestica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, desde el año 2009 y hasta septiembre de 2016 se registraron 197 casos de violencia en adolescentes de 15 a 19 años por parte de sus parejas o esposos en todo el país. En la ciudad de Buenos Aires, 64 adolescentes denunciaron situaciones de violencia de género por parte de sus parejas, novios, ex parejas u otros. El rango de edad de los varones era entre 17 a 34 años de edad.

Según el Programa Las víctimas contra las violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, el 57 por ciento de las 23.404 víctimas de violencia asistidas en la Ciudad de Buenos Aires en los últimos nueve años tienen menos de 18 años, lo que equivale a 13.359 que son adolescentes. “La adultez de dos cónyuges no garantiza que esto no ocurra, pero si la tolerancia a la frustración, la inhibición de los impulsos y el autocontrol de las emociones son ya difíciles en los adultos, la vulnerabilidad de los chicos vuelve todo más difícil todavía”, sostiene Nanci Martin.

Un trabajo como el realizado por FEIM debería ser visto con más atención por autoridades educativas y miembros de la Justicia. Para muestra, se acaba de confirmar que en los últimos cien días se cometieron 133 femicidios en la Argentina.
 

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